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Antecedentes
La sal ha desempeñado en el transcurso de los siglos, un papel importante en la economía del Espacio Litoral Atlántico, dando lugar a una autentica "civilización de la sal" que contribuyó a favorecer importantes intercambios comerciales con los países del Norte de Europa y de América Latina, favoreciendo que la sal del atlántico fuera en el siglo XIX un producto apreciado por sus cualidades específicas.
Sin embargo desde mediados del siglo XX, la actividad salinera artesanal experimenta una marcada regresión, llegando incluso a desaparecer. Esta actividad esta sometida a fuertes presiones territoriales y/o compite con una producción industrial (rellenos, desarrollo de la acuicultura intensiva, alteración de las redes hídricas por las infraestructuras del transporte, etc.). Conjuntamente a esta regresión, desaparece todo un patrimonio medioambiental, cultural, histórico y humano ya que las salinas mantienen una elevada biodiversidad, forman un paisaje modelado por el hombre, poseen un legado del "saber-hacer" (los productores en activo son poco numerosos y de avanzada edad) y se enfrentan a una ausencia de reglamentación europea.
No obstante, desde los años 70 algunas iniciativas aisladas han permitido valorar este patrimonio. Este resurgimiento del interés por las salinas incrementa en los años 90 principalmente por el efecto conjunto del consumo y del ocio (búsqueda de productos de calidad artesanales, desarrollo del turismo rural), del reconocimiento del interés medioambiental de las zonas húmedas y de la investigación (geografía, etnología, historia, economía).
Sin embargo desde mediados del siglo XX, la actividad salinera artesanal experimenta una marcada regresión, llegando incluso a desaparecer. Esta actividad esta sometida a fuertes presiones territoriales y/o compite con una producción industrial (rellenos, desarrollo de la acuicultura intensiva, alteración de las redes hídricas por las infraestructuras del transporte, etc.). Conjuntamente a esta regresión, desaparece todo un patrimonio medioambiental, cultural, histórico y humano ya que las salinas mantienen una elevada biodiversidad, forman un paisaje modelado por el hombre, poseen un legado del "saber-hacer" (los productores en activo son poco numerosos y de avanzada edad) y se enfrentan a una ausencia de reglamentación europea.
No obstante, desde los años 70 algunas iniciativas aisladas han permitido valorar este patrimonio. Este resurgimiento del interés por las salinas incrementa en los años 90 principalmente por el efecto conjunto del consumo y del ocio (búsqueda de productos de calidad artesanales, desarrollo del turismo rural), del reconocimiento del interés medioambiental de las zonas húmedas y de la investigación (geografía, etnología, historia, economía).
Última modificación
14/09/2006 10:03